
Mejorar la comunicación entre el contable y el preparador de impuestos.
Un contable puede coordinarse con su asesor fiscal cuando este trabajo esté incluido en el servicio acordado. El contable organiza y explica los registros, mientras que el asesor fiscal determina el tratamiento fiscal y los requisitos de presentación. La claridad en las responsabilidades facilita la transición y reduce las solicitudes repetidas de la misma información.
Acordar el paquete y el plazo
Pregunte al preparador de impuestos qué informes, anexos y formatos de documentos se necesitan. Una transferencia típica incluye: estado de resultadosBalance general y detalles que respalden los saldos principales. Identifique el año del informe y la base contable. Si los libros contienen transacciones pendientes o registros faltantes, proporcione una lista clara para que quien los preparó comprenda el estado.
Mantenga las preguntas vinculadas a sus pruebas.
El preparador puede preguntar sobre equipos, préstamos, transferencias de propiedad o ingresos y gastos inusuales. El contable puede localizar asientos contables, proporcionar detalles que los respalden y documentar la explicación. Las deducciones, opciones y posiciones fiscales siguen siendo decisiones del asesor fiscal. Compartir información debe realizarse con la autorización del propietario de la empresa y mediante un proceso seguro y aprobado.
Devuelva los ajustes aprobados a los libros.
Tras la preparación de la declaración de impuestos, el contador puede proporcionar asientos contables que deben reflejarse en el archivo de contabilidad. Conserve las instrucciones, registre los cambios autorizados y guarde un informe final. Confirme que el año siguiente comience con los saldos corregidos. La coordinación es más eficaz cuando alguien se encarga de cerrar este ciclo, para que los registros fiscales y la contabilidad general no se desvinculen después de la presentación de la declaración.
